L’Art d’en Xavier Melloni

Si diguéssim que Xavier Melloni és un dels jesuïtes més rellevants d’avui, estaríem oferint una dada certa, però no faríem diana. Ni en faríem si parléssim del professor de la Facultat de Teologia de Catalunya, del llicenciat en antropologia i doctor en teologia, de l’apòstol del diàleg interreligiós –probablement el més gran dels nostres dies, orfes de Raimon Panikkar–, de l’acompanyant espiritual –un dels més sol·licitats entre nosaltres–, de l’autor de mitja dotzena de llibres fonamentals… Si diguéssim tot això estaríem dient coses certes, però potser no diríem el més important.

I és que potser ha arribat el moment de dir, avui precisament que compleix cinquanta anys, que Xavier Melloni és una de les veus més clarividents i més lliures a l’hora de descriure l’anhel religiós humà i a l’hora d’apostar per un futur de les religions en què els confessionalismes de tot tipus quedaran desdibuixats. Altres són més cridaners a l’hora de polemitzar amb l’statu quo eclesial: Melloni, amb la discreció i la seguretat pròpies dels savis, no s’entreté en batalles superficials, però fa anys que remou els fonaments de tot l’edifici, com testimonia el seu gran llibre síntesi, titulat precisament Vers un temps de síntesi (Fragmenta).

A la vida es pot fer una revolució, però difícilment se’n faran dues. Els pares i els germans grans de Xavier Melloni –la generació de cristians que avui tenen vuitanta anys– ja van fer una revolució: el Concili Vaticà II i la seva aplicació. Per això, aquella generació continua en lluita contra els involucionismes que han vingut després de Joan XXIII, però acompanya amb dificultats la revolució feta per la generació de Melloni. La revolució que els pares van fer la va rebre en herència. És, en el seu cas, una herència acceptada –a diferència de tants capellans i bisbes joves d’avui, per als quals aquella és una herència rebutjada–. I per això, acceptada l’herència, ha pogut fer una altra revolució, la revolució que els seus predecessors, tan contestataris, es miren tanmateix amb cert recel. Aquesta revolució és la consciència joiosa que la pròpia religió no té el monopoli de la religió.

El cristianisme és una via d’accés al sagrat (a allò que alguns anomenen Déu), però cap via no és la Via, perquè si ho fos estaria absolutitzant el que només és mitjà per a l’absolut, cosa que constituiria una contradictio in terminis. Ho saben els grans textos de totes les religions. No en va, elDaodejing diu que el Tao que pots anomenar no és el Tao. No en va, sant Agustí diu que “si el comprens, no és Déu”. Les nostres categories religioses són exactament això: categories, formes lingüístiques que expressen una realitat més gran que la materialitat de les paraules. Dogmes, litúrgies, codis morals, cossos sacerdotals…, tot l’edifici institucional creat per les religions no és sinó un pàl·lid reflex d’una realitat inabastable que cap corrent religiós o cultural no pot pretendre posseir.

Poques persones són tan religioses, tan essencialment religioses, com Xavier Melloni. Però poques han relativitzat amb tanta força les pretensions d’absolutesa de les religions constituïdes, començant per la pròpia. Xavier Melloni, amb la seva inevitable motxilla de pelegrí a l’esquena, camina descalç perquè sap que trepitja terra sagrada, com Moisès davant de l’esbarzer ardent. Assedegat d’absolut, beu de totes les fonts perquè sap que totes ens abeuren però que cap d’elles no és capaç, en solitari, de saciar la nostra set.

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I us deixo amb algunes entrevistes publicades a la Xarxa 😉

“Me apasiona todo aquello que contenga Verdad, Belleza y bondad, venga de donde venga y vaya hacia donde vaya, porque todo proviene de la misma Fuente.”


Nací en Barcelona en 1962 como cuarto hijo de cinco hermanos, de padre italiano y madre catalana. Entré en la Compañía de Jesús a los dieciocho años y desde entonces la semilla que se plantó en este terreno fértil ha ido creciendo. No hubiera crecido tanto en otro lugar y por ello amo la tierra que me nutre. Es abierta, le toca el sol y hay una simpática diversidad de especies que convivimos con mutuo respeto.

  • ¿Cuándo supiste que Dios era tu camino?

Se manifestó a los catorce años en forma de un Amor incandescente.Irrumpía a ráfagas en mí y me llamaba a entregarme del todo a ese Fuego. Amor pedía amor para dar combustible a esas llamas.


  • ¿Cómo ha ido evolucionando tu fe a lo largo de estos años?

De un modo paulatino e irreversibleEstudié primero antropología y ello me sacó de mi eurocentrismo y y también de mi cristianocentrismo. Empecé a vislumbrar sabidurías que complementaban a la nuestra sin oponerse entre ellas. Tenía la impresión de que comenzaban donde en Occidente habíamos acabado. Pero la experiencia definitiva fue la estancia de nueve meses que pasé en la India hace ahora doce años. Nueve meses: el tiempo de una nueva gestación y la ocasión de un nuevo nacimiento. La India supuso encontrarme con una civilización milenaria cuyas alturas espirituales llegan a los Himalayas. Yo conocía los Pirineos y los Alpes, pero no había sospechado que pudiera haber nieves tan puras y valles tan profundos. Pobreza y riqueza significan allí cosas muy diferentes que en Occidente, sin negar que tienen que resolver problemas sociales muy serios.

  • El diálogo interreligioso, ¿permite priorizar a Dios en lugar del dogma, la tradición, la cultura?

Lo que permite el diálogo interreligioso es dos cosas: descubrir que la propia tradición religiosa es sólo un acceso posible al Misterio y a la vez permite abrirse a la riqueza espiritual de la humanidad, que hoy percibimos como un patrimonio común y necesario para dar respuesta a los grandes retos que tenemos como personas y como especie.

  • ¿Qué hizo despertar en ti el interés por otras religiones y filosofías como el hinduismo, budismo, zen, …? 

La búsqueda de la interioridad y el modo de acceder al corazón de la Realidad. El Dios personal bíblico es de una gran belleza pero con frecuencia es demasiado antropomórfico. Por otro lado, la teología cristiana del S.XX estaba marcada por la muerte de Dios preconizada por Nietzsche y por Auswichzt. Sin negar el escándalo del mal, yo percibía su presencia, su discreta presencia en todo y nuestra teología y filosofía sobre la ausencia de Dios no me satisfacía. Era demasiado mental. Buscaba un silenciamento capaz de revelar su presencia en todo. Y esto es lo que aportan sobre todo los caminos de oriente: la sabiduría del silenciamiento para que entonces la Presencia hable.


  • ¿En qué se han equivocado las religiones para causar cierto rechazo cuando la búsqueda de sentido de vida es inherente al ser humano?

Las religiones se han equivocado en su pretensión de totalidad, que les ha hecho secuestrar el Misterio. Cada una ha pensado que agotaba los caminos hacia el Absoluto absolutizando su propio camino, en lugar de aceptar y de alegrarse de que puedan haber otros múltiples accesos para llegar a esa misma Plenitud.

  • La Espiritualidad y el crecimiento personal están tomando gran relevancia en nuestra sociedad ¿Qué crees que está motivando esta vuelta a lo trascendente?

Creo que hay dos razones: por un lado vemos que el ritmo frenético que nos hemos impuesto para lograr más bienestar material nos produce un vacío espiritual porque no cuidamos esa profundidad que nos constituye como seres humanos. Por otro lado, estamos descubriendo que no es necesaria la rigidez de una determinada religión para ir en busca de la trascendencia. Vamos entendiendo que la verdadera experiencia espiritual no encierra sino que abre.


  • Espiritualidad, creencia y religión son diferentes. ¿Qué tienen en común?

Podríamos decir que las religiones son las copas; la espiritualidad, el vino; las creencias, las denominaciones de origen de cada vino, y la mística es beber de ese vino hasta embriagarse. Cuando se confunde la copa con el vino y el vino con la experiencia de beberlo es cuando surgen los conflictos. ¿Son necesarias las copas para beber el vino? Unos considerarán que sí, y serán practicantes de una determinada tradición. Otros preferirán beber el vino directamente de la bota, con el riesgo de que se les escape entre las manos o no sepan ponerle límite. Lo característico de nuestro tiempo es que cada cual es libre y responsable de sus propias decisiones, sin amenazas que nos infantilicen.

Los ejercicios espirituales que propones en la Cova de Sant Ignasi combinan oración, respiración, meditación. ¿Qué se consigue?

Hace quinientos años, Ignacio de Loyola se retiró durante un año en una cueva a la entrada de Manresa a hacer de ermitaño. Antes había pasado por Montserrat donde aprendió algunos métodos de oración. Durante meses en la cueva fue traspasando capas de su ser atravesando infiernos y culpabilidades hasta llegar a un lugar de pura luz. Todo ello lo fue anotando en un cuaderno que luego se convertirían en los Ejercicios Espirituales, una de las pocas prácticas iniciáticas que existen en Occidente.Actualmente existe una casa de espiritualidad construida sobre esta cueva donde tratamos de actualizar la propuesta de San Ignacio con elementos de Oriente, como el Yoga, Chi Kung, dieta vegetariana, etc.


  • Es bueno y necesario retirarse de vez en cuando para hacer una revisión de vida. Puede ser revelador, pero lo ideal es poder estar en paz y armonía en el día a día: en el atasco yendo a trabajar, en la cola del súper, etc. ¿Cómo se consigue?

Poniendo conciencia a cada acto que hacemos. Al tomar conciencia, se abre un espacio entre nosotros y la situación y este espacio se llena de autopresencia y de Presencia. Además de esto, me parece indispensable que al comenzar y al acabar el día uno disponga de un tiempo –su duración depende de cada cual- en el que disponerse a ofrecer a lo que ese día viviré y al acabar el día, recogerse para agradecerlo y ofrendarse de nuevo.

  • Escucharnos y escuchar ¿Por qué nos cuesta tanto?

Porque vivimos extrovertidos. Pensamos que todo vendrá de fuera y corremos y corremos tras ello sin darnos tiempo de recibir lo que estamos buscando y que ya está ahí pero no lo percibimos.

  • El valor del silencio…

El silencio no es la ausencia de ruido sino de ego. El ruido del ego es el murmullo continuo de lo que hay que conseguir o que defender. El silencio, en cambio, es el acallamiento de ese murmullo, un estado de apertura y de agradecimiento ante una Presencia que está permanentemente en todo y a la que se llega por medio de la autopresencia.

  • ¿Qué nos recomendarías para acallar el ruido mental que tantas veces nos acompaña?

Lo más básico y sencillo es tomar conciencia de la respiración y entrar en ella. La respiración contiene el ritmo fundamental de la vida: acoger y entregar, recibir y ofrecer. Además de los espacios más largos que deberíamos cuidar al comenzar y acabar el día a los que me he referido anteriormente, durante la jornada también es muy bueno detenerse por unos momentos y escuchar este ritmo de la respiración para percibir que la vida se nos está dando continuamente como don, mucho antes de que pretendamos conseguir algo. Lo más importante se es ofrecido continuamente y no nos enteramos. Conectar con la respiración es el modo más sencillo, más cercano, más inmediato de sumergirse en el don continuo en el que somos, nos movemos y existimos.


  • ¿Qué es para ti el AMOR?

Plenitud compartida. Cuanto más se comparte, más plenitud genera.


  • El valor de la gratitud… 

Es el retorno a la inocencia y una de las actitudes más nobles del ser humano. En cambio, la exigencia y la sospecha engendran monstruos.

  • La madurez en la oración…

Está en no pedir nada sino abrirse a la Presencia que está siempre en todo. Orar es abrirse y recibirse desde la profundidad que late en todo.

  • ¿Dónde reside la paz?

En aceptarlo todo y aceptarse del todo.Entonces, dejamos que se manifieste esa Presencia que está en la transparencia del ahora recibido sin condiciones ni expectativas.

  • Las Enfermeras cuidamos de las personas en su globalidad y complejidad. La dimensión espiritual, que no tiene porque ser religiosa, toma especial relevancia en situaciones de enfermedad o final de vida. ¿Qué opinas de este aspecto del cuidado?

Las enfermeras estáis presentes en un momento límite de las personas,como es la enfermedad, el dolor o la cercanía de la muerte, el último viaje. Es un momento propicio para que caigan los mecanismos de defensa y se entreabra esa dimensión que puede estar olvidada, relegada, o negada. Escuchar el momento de cada paciente para dejar que se abra en él esos poros de su piel es una tarea sagrada. Cuanto más se trabaja y escucha uno interiormente, más capacidad hay para escuchar lo que late en la otra persona y encontrar las palabras, gestos y silencios adecuados para conectarle con esa dimensión que le pertenece.


  • ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Tengo proyectos en los tres ámbitos en los que me muevo: la docencia, el acompañamiento espiritual y la escritura. En la docencia, ir profundizando en la mística comparada entre las tradiciones espirituales. En las propuestas de acompañamiento espiritual, ir creciendo en el camino de la no-dualidad. En el campo de la escritura, tengo varios libros comenzados. Trabajo como un pintor o un escultor en su taller, que tiene varias piezas comenzadas a la vez, en función de encargos o de impulsos personales. Pero, en verdad, el proyecto más importante de todos es llegar a no tener proyectos y dejarme configurar desde el fondo de mi ser por la Presencia que en todo momento nos engendra.


  • ¿Qué te apasiona?

Todo aquello que contenga verdad, belleza y bondad, venga de donde venga y vaya hacia donde vaya, porque proviene de la misma Fuente.


¿Qué nos recomiendas para cuidar nuestra salud espiritual?

Saber lo que nos nutre y darnos tiempo para ello.Las cosas esenciales son de orden diario: el comer, el dormir, la higiene. También ha de ser diario el tiempo de nutrirse interiormente si queremos tener salud espiritual.


  • ¿Quieres compartir algo más con nosotros?

Todo. Nada nos pertenece. Así que lo desearía compartir todo.

  • ¿Nos regalas una oración?

¡Oh Profundidad infinita que asomas por doquier!,

danos la obertura de la mente y del corazón

para que podamos reconocerte en todo.

Que cada instante sea el camino por el que volvamos a ti

del mismo modo que tú vienes a nosotros en cada situación.

Que todo momento sea la oportunidad y la celebración

de este encuentro que se hace transparente a tu Presencia.

 Muchas gracias Javier, tus reflexiones son a la vez una preciosa meditación y una oraciónTus propuestas invitan a descubrir  a nuestro maestro interior en lo sencillo y lo cotidiano.

Espiritualidad para una sociedad plural

Xavier Melloni

PRESENTACIÓN.- Es bien sabido que vivimos un cambio de época. Los referentes que hasta hace muy poco nos han guiado y nutrieron a las generaciones anteriores están en crisis. Ante esta situación de tránsito en la que vivimos, creemos que nuestro invitado de hoy, Xavier Melloni, nos puede dar algunas claves de discernimiento para poder afrontar las situaciones de cambio y poder vivir en profundidad nuestra plenitud. Por eso le preguntamos sobre qué espiritualidad nos correspondería en una sociedad plural como la nuestra.

X. Melloni es doctor en Teología y Licenciado en Antropología Cultural. Está especializado en Diálogo Interreligioso y Mística Comparada. Ha hecho reiteradas estancias en La India y ha reflexionado y estudiado la espiritualidad Ignaciana. Vive en el Centro de Espiritualidad de Manresa en el que acompaña a diferentes personas y reflexiona sobre las diversas manifestaciones de la experiencia de Dios. Tiene múltiples publicaciones y libros sobre temas interreligiosos.

Le preguntamos, para empezar, con cuál de sus libros se siente más satisfecho, con cuál te quedarías y cuáles nos recomendarías.

XABIER MELLONI.- Esto es como preguntarle a una madre cuál es su hijo preferido. No es fácil contestar. A veces nos solemos identificar con lo último que hemos escrito. Tal vez también porque a lo largo de la obra escrita suele estar también el itinerario de toda una vida. De todos modos diría que ahora estoy más en el “Cristo Interior” y el último ha sido “Hacia un tiempo de síntesis” que es una reelaboración de escritos de estos últimos 10 años. Me parece que recogen bien estas preguntas y atisbos de respuestas en torno a la interreligiosidad.

Vamos a compartir unas reflexiones como humanos y como creyentes porque todos estamos implicados en el mismo tiempo en la misma generación, en los grandes retos, en la mutación que estamos experimentando.

Tal vez estemos en un salto civilizatorio semejante al que se produjo hace 6000 años con el origen de las civilizaciones y el paso del mundo rural y nómada a los primeros que luego dieron origen a las ciudades y a la evolución cosmovisión al que eso supuso y a la aparición de la escritura con todo lo que eso significó para la difusión del pensamiento y el paso de la palabra presencial a la palabra del ausente. Esto es la escritura: la presencia del ausente a través de lo que deja escrito.

Con ello cambió la faz de la tierra. Parece un cambio comparable al que se produce hoy con la era de la informática y de los medios de comunicación y transporte aéreo con los que hoy contamos y que se ha descrito bastante bien con la expresión de la “aldea global”. Ya no hay aldeas aisladas. Aunque quisiéramos protegernos contra todo lo que esto significa, al final resulta que nos podemos enterar antes de lo que pasa en el otro confín del mundo que de lo que acaba de pasar en nuestro propio entorno, en la esquina de nuestra casa. Es la dislocación del espacio/tiempo que nos sitúa en nuevas coordenadas y que atañe también a lo que llamamos espiritualidad.

Voy a hacer estas reflexiones en torno al pasaje evangélico del encuentro de Jesús con la Samaritana en el Pozo de Jacob, en Samaría. Voy a utilizar este texto para ir desgranando algunos paralelismos.

Samaría es una tierra seca y desértica, parecida a lo que en nuestras latitudes pueden ser los Monegros. Para los judíos era una tierra hostil porque respecto a la religión y al culto mantenían diferencias religiosas, matices diversos, con sus habitantes, los samaritanos. Para un judío, atravesar el país de Samaría era algo ingrato.

Algunos de nosotros podemos tener la impresión de encontrarnos en Samaría: una tierra seca, ingrata, difícil, incómoda en la que no sabemos cómo situarnos después del paradigma de la Cristiandad que ha durado unos cuantos siglos. Todo esto, también durante unos cuantos siglos se ha ido poco a poco desmoronando.

En esta situación vamos careciendo de evidencias. Vivimos en el tiempo del fragmento y nuestra cosmovisión ya no abarca la totalidad sino que sólo abarca fragmentos de esa totalidad. Y nuestro fragmento resulta ser un fragmento entre otros fragmentos. Esto nos puede crear inquietud y en este sentido podemos relacionarlo con la hostilidad y con la sequía de lo que para un judío podía ser Samaría: tierra extraña, tierra ajena.

Sí, podemos sentirnos en tierra ajena. Sin embargo, en el corazón de esa tierra hostil e incómoda hay un pozo cuya agua “no deja de manar desde siempre y para siempre”, dice Jesús. Y en este pozo se produce el encuentro entre Jesús y la Samaritana.

De esto va la ESPIRITUALIDAD: de encontrar ese pozo que está en nuestra Samaría y que está en nosotros mismos. Acceder y tener las claves de reconocimiento para saber que ahí hay un pozo, un manantial que está permanentemente dando lo mejor de sí para apagar y calmar nuestra sed.

Todas las tradiciones religiosas dicen algo esencial. Y dicen que aquello que nos hace falta, ya está aquí; y que lo que está aquí, es lo que nos hace falta. Es decir, todas las tradiciones religiosas, todas ellas, son religaciones con la profundidad de lo real que cada una llama de distinta manera. Y nos dicen que la experiencia espiritual, la experiencia religiosa, es una experiencia de profunda realidad, de ir al corazón de lo que es pero que no sabemos percibir.

Por tanto, lo esencial, aquello que buscamos, esa agua que tiene que saciar nuestra sed, ya está aquí. Y eso que ya está aquí es precisamente lo que necesitamos. No necesitamos inventar nada, sino redescubrir lo que ya está aquí. Y en este descubrimiento consiste la aventura de la existencia humana. Y las distintas tradiciones religiosas están para ayudarnos a alcanzar esa agua.

En el encuentro que tiene Jesús con la Samaritana se va produciendo como una traslación en tres niveles. Jesús empieza hablando del agua física. Jesús ha recorrido parte del desierto, los discípulos han ido a por alimentos y Jesús se ha puesto a descansar. Una mujer va al pozo porque necesita el agua para las tareas domésticas.

Por tanto, hay un primer nivel y que tenemos que entender que también nosotros lo tenemos en las necesidades de nuestra existencia física: las necesidades fisiológicas. Y el modo en que debemos gestionar estas necesidades primarias es también una tarea espiritual.

Todas las guerras que hay y ha habido en el mundo siempre han sido y son desencadenadas por los recursos naturales. Es decir, por cómo gestionamos el atender a nuestras necesidades primarias.

Tenemos que saber que la economía y la política son actos espirituales porque son actos para la distribución de unos medios para unos y para otros y hay que decidir para quién van a ser, quién va a tener más, quién menos. Es una tarea que requiere la atención de la mente y el corazón y que toca, en definitiva, valores espirituales. Por tanto, la espiritualidad no es ajena a la distribución del agua. Y, cuando decimos agua, nos referimos en sentido amplio a todas nuestras necesidades de orden fisiológico

Abraham Maslow alude a seis peldaños en la escala de necesidades. Habrá más peldaños en la escala de necesidades, pero no cabe duda de que el primero de todos es el peldaño de las necesidades fisiológicas porque en ellas nos va la vida. Nos va la vida en beber agua potable, en comer lo necesario, en tener un habitat en el que no nos muramos de frío cuando viene el invierno.

Es decir que hay unas necesidades primarias, que son las primeras a las que hay que atender para sobre ellas construir lo demás. Por tanto, la espiritualidad también se interesa por la distribución del agua, porque es una cuestión de justicia. Todo lo que es tarea de la justicia, es tarea de la persona y del corazón porque es tarea que estudia cómo repartir y cómo repartimos los escasos recursos o abundantes recursos que tengamos.

Todo esto que hemos expresado sobre el agua física, es lo que llamaríamos PRIMER NIVEL DE NECESIDADES. Pero hay un SEGUNDO NIVEL: el psicológico.

SEGUNDO NIVEL.- Después de estar hablando del agua –de la que Jesús está siempre hablando, por otra parte- desde el punto de vista físico, que es la que la mujer ha ido a buscar con su cántaro y que Jesús toma este tema como primer nivel de entendimiento con esta mujer para poder establecer un primer vínculo de diálogo con ella, el segundo nivel se produce cuando la conversación deriva hacia los vínculos afectivos que esa mujer ha tenido.

“Esto que me estás hablando lo tengo que hablar con mi marido”

“Mujer, pero si has tenido cinco maridos, 5 hombres y con ninguno has cuajado…”

Caigamos en la cuenta de que en las palabras de Jesús no hay ningún juicio. Hay solamente la constatación de una insatisfacción afectiva que ha hecho que esa mujer haya estado cinco veces vinculada y no ha cuajado en ninguna de ellas. Y por el modo en que Jesús le habla de ese asunto, ella reconoce que Jesús es un profeta porque no la juzga sino que le permite tratar un tema delicado que es el de cómo tratamos nuestras afectividades. Es un tema dificilísimo.

Y la espiritualidad también se preocupa de eso: del mundo de los afectos.

Anthony de Mello en uno de sus diálogos decía que no se pueden poner vendajes espirituales sobre heridas psicológicas porque si no se cura antes la herida, ese vendaje estará continuamente sucio porque la herida va supurando por debajo de él y no se arregla lo que debe de ser arreglado.

Cada nivel de nuestra existencia requiere una atención y un nivel no puede ser sustituido por el otro. Es trascendido pero sin saltárnoslo porque si nos lo saltamos, tenemos que “recuperar asignaturas pendientes” que habían quedado atrás. Por lo tanto, si hay una herida psicológica, esa herida hay que tratarla con los medios adecuados.

Una de las grandes aportaciones que, sin duda, nos ha dado el siglo XX es lo referente a todo el ámbito de la psicología, el conocimiento de la psiquis que es precisamente el conocimiento del alma. Y hoy en día una de las grandes maduraciones del encuentro entre la psicología y la espiritualidad está siendo cada vez más, el darnos cuenta de que nos necesitamos, que no competimos unos con otros sino que son ángulos diversos del acceso al complejísimo tejido humano que está también hecho de todos estos filamentos llamados psicológicos o afectivos.

Abraham Maslow habla, en esa escala de necesidades. Después de lo fisiológico están las necesidades que tenemos todos de seguridad, de pertenencia a algo, a alguien, a un grupo, a una iglesia, a una comunidad. De las necesidades que tenemos todos de autoestima, de realización, de poner en acto lo que bulle en nuestro interior. Por tanto, este segundo ámbito es el del psiquismo, que está relacionado con los afectos. De este segundo nivel es el que Jesús habla en ese momento con ella. Éste segundo nivel forma parte del encuentro, del acceso al pozo.

Pero no nos detenemos ahí porque estos son preámbulos para nuestro tema fundamental tanto nuestro como el de Jesús en su diálogo con esta mujer samaritana.

“Parece que eres un hombre sabio, que eres profeta. Pero, ¿cómo vas a ser tú profeta si eres un hombre judío y nuestros sacerdotes, los de nuestra religión dicen que el Mesías tiene que venir de nuestro Templo y resulta que tú no eres de los nuestros?”

“Mujer, llegará un día… que no será en vuestro templo, ni en Jerusalén sino que… adorarán a Dios en espíritu y en verdad. Y no será en Samaría, ni en Jerusalén sino que eso será en el verdadero templo. Y la verdadera manera de adorar será en espíritu y en verdad…”

Y aquí entramos ya en nuestro tema. Constatamos en nuestra generación y cada vez se va dando una polarización bastante tensa en algunos momentos entre aquellos que buscan la dimensión espiritual sin religión. Y aquí tenemos la gran pregunta: ¿Es posible lo espiritual sin el marco religioso de aquellos que consideran que no puede haber verdadera espiritualidad si no hay un marco religioso en el que integrarla, identificarla y acompañarla.

En nuestro momento asistimos también a una necesidad de identidad religiosa que llamamos endurecidamente fundamentalismos, que son atrincheramientos cognitivos, algo así como el volver a unos orígenes intocables.

Sin caer en ese endurecimiento, se trata de una vuelta a lo tradicional como un deseo de volver a tener las ideas claras porque tanta corriente de aire, nos constipa.

En cambio, otros que hace tiempo que salieron de esos marcos, no quieren volver a ellos y no se pueden reconocer sólo con una marca. Y esto forma parte también de la gran pregunta: ¿Cómo se está viviendo hoy la experiencia espiritual, religiosa? ¿Es lo mismo espiritual que religioso? ¿Dónde ubicar esta experiencia? ¿Cómo reconocerla? ¿Cómo discernirla? ¿Cómo entregarse a un camino? ¿Al de siempre? ¿Al nuevo? ¿Con qué criterios discernimos unos de otros?

Estas son las cuestiones: las mismas cuestiones que se planteaban entre Jesús y la Samaritana. Cuando ella le dice. “Tu palabra y tu mensaje suenan a verdaderos, pero, ¿cómo es posible si resulta que no eres de los nuestros?” Y la respuesta de Jesús vuelve a ser: “Llegará un día –y ya ha llegado-… adorarán en espíritu y en verdad”.

Pero, ¿Qué significa adorar al Padre en espíritu y en verdad?

Aquí la palabra crítica resulta ser ADORAR. Y, ¿qué entendemos por ADORAR? Adorar es la suprema entrega.

Solemos decir que adoramos a Dios. También, cuando queremos mucho a alguien le decimos: “Te adoro”. Es una forma hermosa de dar nombre a un vínculo afectivo. Significa la plena entrega al AMOR. Todo nuestro ser se rinde y se ofrece a aquel a quien adoramos. Por lo tanto, sólo podemos adorar a Dios, al Absoluto o al Amor.

Es, pues, necesario discernir bien lo que es el meollo del asunto porque está en juego nuestra entrega, la totalidad de nuestra entrega.

Se ha dicho que hoy en día el problema no es tanto el ateísmo como el politeísmo. Hoy existe más de un ateísmo en cuanto que hay distintas formas de no creer en Dios. Pero lo que verdaderamente abunda es el politeísmo, el tener muchos dioses.

Y, ¿cómo distinguimos el dios del Dios? Lo distinguimos en cómo es esa forma de adoración o de entrega nos somete a ella o nos libera. Éste siempre ha sido el criterio que distingue la idolatría de la verdadera creencia. Lo propio de un ídolo es generar víctimas. Y lo propio de un Dios verdadero es liberar a quien se entrega a él porque se abre al Absoluto y, de esta manera, no queda reducido.

¿Cuál es el problema de una incorrecta identificación del Absoluto? La medida de nuestra entrega queda reducida al horizonte al que nos estamos entregando. El problema de los ídolos no es tanto el movimiento que suscita de overtura, que esto puede ser un primer paso del camino, pero en la medida en que cierra el camino porque convierte en absoluto lo que no es absoluto, entonces detiene el proceso de crecimiento y nos convierte en seres atrofiados, empobrecidos. Ésta es la dificultad.

Es necesario hacer el discernimiento entre lo que es idolatría y lo que es verdadera creencia. Vamos a ir haciendo unas glosas para distinguir estas dos cosas.

ADORAR AL PADRE

En la tradición hebrea, el padre es el horizonte último de trascendencia. La palabra padre – abba – está constituida por dos letras que son las dos primera letras del alefato o alfabeto hebreo, como de nuestro alfabeto. La palabra abba está contenida en el inicio de aquello que nos permite acceder a la vida y existir: el niño nace llorando, pronunciando la letra “a” repetidamente; y la “b” responde al movimiento de los labios cuando nos amamanta nuestra madre. La “a” y la “b” son los primeros sonidos que emite una criatura, responden a movimientos instintivos, primarios para nutrirnos en la vida.

Pero hoy en día la palabra “padre” nos resulta insuficiente para indicar a Dios. Decimos hoy que Dios es también “madre” porque hay aspectos femeninos de Dios que no están contenidos en la palabra y en la imagen masculina del “padre”.

Pero si miramos las distintas tradiciones religiosas, podemos establecer como tres grandes marcos donde se concibe esa ultimidad, ese horizonte último. Podemos hablar de las religiones semíticas: Judaísmo y Cristianismo (en cuanto que pertenece a la tradición semítica) y el Islam. Son religiones en las que Dios está marcado como el ABSOLUTO, EL TRASCENDENTE, como la ABSOLUTA TRASCENDENCIA. Es decir, como aquel horizonte siempre mayor que nos permite no caer en la idolatría en el sentido de confundir lo último con lo relativo. Dios es el siempre mayor que permite en nosotros un dinamismo continuo de trascendimiento.

La llamada a la oración islámica en los cinco momentos del día en los que el muyahidin dice dando voces: “adhan”, que significa “El Dios siempre mayor”, es decir, aquel horizonte último que es siempre mayor y que está por encima de cualquier actividad que los humanos hagáis, por eso, sed capaces de deteneos cinco veces durante la jornada para reconocer que lo último está siempre por ser iniciado. No se trata del Dios Grande que sería el “Dios Kabir”, sino del “Dios adhan”, del “Dios siempre mayor”.

También en la tradición cristiana nombramos a Dios como “Deus Samper maior”, que sería la traducción al latín del “Ala adhan”. Este Dios de las tradiciones semíticas es un Dios nunca contenible en nuestras imágenes, en nuestras palabras, ideas o deseos. Y esto porque nos trasciende. Y por esto es Dios.

La profesión de fe musulmana es “sólo Dios es Dios”, es el único que merece el Islam (que significa “entrega”), la entrega, la sumisión entendida como rendición total.

Es muy diferente de sometimiento. Pero sucede que nosotros somos capaces de transformar también a Dios en nuestras imágenes de Dios a las que nos vamos sometiendo y a las que tratamos de someter a los demás. Y esto es también idolatría.

Concebir a Dios como padre, a Dios como trascendente es también un modo de concebir la ultimidad.

El segundo modo que hoy también se está reconociendo después de haber humillado durante largo tiempo a las religiones que así lo entendían, es reconocer a Dios como madre. Y las religiones más cercanas a esto son las llamadas indígenas o aborígenes (llamadas así ab-origen, por estar en los orígenes. Todos nuestros antepasados fueron aborígenes y tuvieron religiones de la tierra). y lo propio del espíritu aborigen o indígena es el vínculo con la MADRE TIERRA, vínculo que se expresa en un reconocimiento o en una continua ritualización de intercambio.

A la TIERRA no se le puede pedir más que lo que también le devolvemos. Y esta escucha a la TIERRA y esta delicadeza con ella les impide ser lo depredadores en los que los occidentales nos hemos convertido, porque olvidamos, profanamos y violamos a la MADRE TIERRA. Y este olvido de la sacralizad de la TIERRA y ese olvido de la MATERNIDAD DE DIOS, que es la vida y que se expresa a través de las distintas formas de la vida, ha dañado gravemente al Planeta Tierra y ahora estamos todos asustados porque no sabemos cómo repararlo.

Algunos consideran que ya es demasiado tarde. Otros creen que no, que todavía estamos a tiempo. Pero esto requiere un cambio de mentalidad y una escucha real a la MADRE TIERRA como manifestación de lo sagrado, como objeto de adoración, no en el sentido de sometimiento, sino de entrega y de respeto a la matriz biológica que nos ha engendrado.

Éste es el segundo registro espiritual que hoy está abierto y que estamos cada vez más cercanos a esta sensibilidad a través de los movimientos ecológicos que suponen una nueva manera de relacionarse con la naturaleza.

Todavía habría otro horizonte de espiritualidad que no estaría relacionado con DIOS PADRE (con Dios Padre están relacionadas las tradiciones religiosas monoteístas), o con DIOS MADRE (religiones aborígenes), sino con la PRESENCIA interior a las cosas y a uno mismo. Es un horizonte que no está fuera, sino que está dentro y lo podemos relacionar o identificar con las TRADICIONES o RELIGIONES ORIENTALES, cuyo trabajo no es tanto de adoración o de postración ante el TOTALMENTE OTRO, ante una ALTERIDAD.#

Para los orientales el horizonte último de lo que es, no está en el Totalmente Otro, sino en todo caso, en la MISMIDAD DE LO QUE YA ES. Ellos no entenderían eso del Totalmente Otro. Para ellos Dios no está fuera de las cosas sino sosteniéndolas a todas, en su misma mismidad. Las sostiene tal y como se manifiestan, sólo que no en su capa superficial, sino en su profundidad. Y por eso, CADA CUAL HA DE MIRAR A LO PROFUNDO DE SÍ MISMO.

Sea en forma de esta trascendencia, sea en la forma de la escucha a esa Madre Tierra, sea en forma de un trabajo de interioridad, de lo que se trata es de hacerlo en espíritu y en verdad. Los verdaderos adoradores del Padre lo serán en espíritu y en verdad, dice Jesús a la Samaritana.

Pero, ¿qué significan estas dos palabras: ESPÍRITU y VERDAD?

Espíritu -en latín, spiritus- significa “aire”. Inspiramos y expiramos aire. Respiramos aire. En griego, “neuma”; en sanscrito “Atman” #; en el judaísmo es “ruah”; el Islam lo llama “Ruj”.

En todas las tradiciones encontramos esta evocación o esta referencia al espíritu. Y de aquí viene lo referente a la espiritualidad y a lo espiritual.

¿Por qué ESPÍRITU? Porque probablemente gran parte de las percepciones inmediatas que podemos tener de lo que es lo invisible, la mejor manera de referirlo es el aire. El aire no lo vemos, no lo percibimos a no ser que haya viento. Y, sin embargo, es el medio en el que “somos, nos movemos y existimos” # continuamente porque gracias al aire vivimos cada minuto de nuestra existencia.

Se trata de la experiencia física más cercana para la metáfora de lo espiritual, de lo intangible. Y esto porque no viéndolo, al mismo tiempo es el marco en el que se posibilita todo lo demás. Es abierto, no podemos cerrarlo. Y, sin embargo, lo podemos experimentar cuando nos silenciamos y percibimos cómo el aire entra y sale de nosotros continuamente al respirar. Se trata de una palabra amable, abierta y familiar y terriblemente pura porque nadie se puede apropiar de él.

¿Cuál es la experiencia espiritual fundamental? El acto de respirar. Y, qué hacemos cuando respiramos? Algo tan extraordinario como hacer un acto de confianza instintiva, inconsciente, como es recibir un aire que nos da la vida. Nos llenamos, todo nuestro ser se despliega para recibirlo y después de que nos hemos impregnado de su totalidad, todo nuestro ser se contrae para expirar, para exhalar.

En la atención a la respiración tenemos las claves de toda la experiencia espiritual que consiste en abrirse para recibir y entregarse para exhalar. Y en ese movimiento, en la medida en que cada vez lo hacemos más conscientemente, nos vamos dando cuenta de que sólo existimos recibiéndonos permanentemente de una PRESENCIA que nos sostiene desde mucho antes y mucho después de lo que nosotros podemos pensar o desear y de que aquello mismo que estamos recibiendo cada siete segundos, si lo retenemos, nos intoxica e incluso, nos mata. Si retenemos aquello que recibimos como don, eso mismo se convierte en veneno si no lo sabemos soltar.

Es decir, es tan experiencia espiritual el saber recibir como el sabernos vaciar y entregar aquello mismo que hemos recibido. Y sólo si nos entregamos, si lo exhalamos, entonces nos podemos llenar de nuevo con toda la novedad y gratuidad del nuevo soplo de aire que entra en nosotros para plenificarnos y, una vez que nos ha plenificado, volverlo a soltar, volverlo a entregar.

Se trata del difícil arte de decir “Hola” y “Adios” a tantas cosas de la vida. Es la experiencia que todos tenemos de que cuando retenemos aquello que hemos recibido y a lo que hemos dicho “Hola” sin poderle decir “Adios”, todo nuestro ser se desgarra y se va endureciendo y enquistando. Entonces esa misma tensión se convierte en una agresión a los otros porque hemos olvidado que sólo si lo exhalamos de nuevo, podemos volver a recibir de nuevo el aire limpio y, en ese movimiento de desprendimiento está justamente la clave de nuestra capacidad de desprendernos.

Y esto es universal y está escrito en la vida misma de los seres vivientes. Por eso uno de los ejercicios espirituales más provechosos es el de aprender a respirar. Y esto sólo nos puede llevar a la cumbre.

¿Qué significa ADORAR EN VERDAD?

La vida es un camino, una obertura, un recorrido. Estamos llamados a estar más abiertos, más dispuestos a recibir la realidad tal y como es y no tal y como somos. Ésta es la cuestión: que no vemos la realidad tal como es sino que la vemos en función de nuestras necesidades, de nuestros criterios. Estamos continuamente empañando la verdad porque pasa a través de nuestros filtros cognitivos y esos filtros están arraigados en nuestros afectos, en nuestros gustos y disgustos. Y todo esto distorsiona nuestra percepción de la realidad.

Por tanto, adorar en verdad significa vivir haciendo verdad en nosotros y limpiando de tal manera el corazón para que se haga realidad en nosotros lo que dijo jesús: “Dichosos los limpios de corazón porque verán a Dios” # en todas las cosas. Verán a Dios sosteniendo en todo momento lo que están viviendo. Pero este trabajo de limpiar el corazón, sabemos que es bien difícil.

Y a medida que vamos reconociendo la verdad vamos siendo más libres. y esto también lo dice Jesús: Conoced la verdad y “la verdad os hará libres” #. Porque el conocimiento de la verdad es este estado de obertura en el que no vamos a violentar las cosas para que sean tal y como nosotros queremos que sean sino esta capacidad de abrirnos a lo que es, de recibirlo y de responder de modo adecuado a aquello que se nos va pidiendo. Y en la medida en que vamos dejando que la verdad entre sin nuestras distorsiones y la podamos recibir, entonces nuestras respuestas serán más adecuadas, más afinadas, más silenciosas, más oportunas, más atentas, más justas, más verdaderas.

Siendo así seremos cada vez más libres, más verdaderos, más auténticos. Porque esta conquista de la verdad es una conquista de la libertad. Y entonces pasará aquello que dijo un obispo francés hace años: “Tenemos miedo de ser libres y, cuando somos libres, entonces damos miedo”.

y todo esto es una de las grandes cuestiones que están hoy sobre la mesa: el camino religioso como un acto continuo de libertad, de veracidad, de autenticidad. ¿Hasta dónde? No hay límite para eso, sino el límite que nuestro miedo le pone o que nuestros prejuicios nos ponen. Porque el espacio de Dios es infinito. Somos nosotros los que ponemos vallas porque tememos la intemperie. Pero ya no es necesario el templo de Jerusalén ni el de Samaría. Aunque es bueno que haya templo porque necesitamos espacios y lugares donde cultivar todo esto. Pero no se trata de ese absoluto de mi templo que lo que hace es negar todas las otras posibles manifestaciones de Dios que están fuera del recinto de mi templo.

Si hacer verdad es un camino de libertad, esto sería como un registro más de nuestra sensibilidad europea. Pero hay otro registro de vivir en verdad que podemos identificar más como el registro oriental. Aunque los orientales no hablarían de esta manera, sino de vivir en consciencia, de vivir en plenitud de consciencia.

Y, ¿qué significa eso de vivir en plenitud de conciencia? Significa que cada uno de los gestos, movimientos, palabras o silencios que producimos o hagamos, los hagamos conscientemente; conscientes de que los estamos haciendo. Y en la medida en que pongamos consciencia en nuestros actos: hablar, hacer, etc., todo eso adquiere una calidad diferente.

Entonces, poner verdad en nuestra vida es poner consciencia a cada uno de sus momentos. Y entonces el templo ya no está en un lugar determinado sino que todo momento y todo acto se convierte en sagrado y, por tanto, se convierte en templo. Y por eso los verdaderos adoradores ya no adorarán en Jerusalén o en Samaría sino que cada instante de su vida será su adoración, será su vivir en espíritu y en verdad. Y eso convertirá en sagrada cada una de las cosas que vivamos.

Esto es lo que dice la Tradición Ignaciana cuando habla de “Contemplación para alcanzar amor” o de “contemplativos en la acción”: que cada acto que hagamos contenga la transparencia del fondo del que nace , que es un fondo sagrado porque nace de Dios y no puede nacer de otro lugar porque “en él somos, nos movemos y existimos” #.

De tal manera Jesús ha hablado así a la Samaritana que ella, impactada por la claridad, la contundencia y la autoridad de las palabras de Jesús que resuenan en ella a verdaderas, que le dice a Jesús:

Sí, nosotros esperamos al Mesías pero, ¿dónde está? ¿cuándo vendrá?

Y Jesús le responde:

Aquel que esperas soy yo.

Esta frase de “soy yo” o “yo soy” aparece 18 veces en el Evangelio de San Juan. Y en él suena toda la carga del Antiguo Testamento. Así, cuando Moisés pregunta en nombre de quién irá a hablar al faraón, porque el siente que no es nadie:

“Moisés le preguntó a Dios: «Pero si los israelitas me preguntan cuál es tu nombre, ¿qué voy a contestarles?». Y Dios dijo a Moisés: «YO SOY EL QUE SOY». Así les dirás a los israelitas: YO SOY me manda a vosotros. Esto les dirás a ellos: YO SOY, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob me manda a vosotros. Este es mi nombre para siempre» (Ex. 3, 13-15).

Todo esto porque necesitamos de un lazo y de un vínculo; de una cadena de tradición. Pero esto no basta. Ni le bastó a Moisés ni nos basta a nosotros si no lo hacemos nuestro. Y no sólo el Dios suyo, sino el Dios en él, Dios siendo él.

El nombre de Yahvé está compuesto por cuatro letras consonantes a las que se les coloca cuatro vocales para que, de alguna manera, se pueda pronunciar. Pero la tradición hebrea no pronuncia el nombre de Yahvé porque es impronunciable y porque en ningún nombre puede ser Dios contenido. El nombre que la traducción bíblica ha traducido como Yahvé parece significar “yo soy el que soy” o “Yo soy el que seré”. Se trata de un presente especial –es una forma que no existe en nuestras lenguas- que viene a decir algo así como “Yo iré siendo para ti en la medida en que tú vayas siendo para mí”.

Cuando la Samaritana le pregunta que de dónde vendrá el Mesías y Jesús le contesta diciendo “Yo soy”, le está dando exactamente la misma respuesta Que Dios le dio a Moisés en el Sinaí cuando le preguntó lo mismo. Y la respuesta a esa pregunta es toda una vida. Porque toda una vida vamos tratando de comprender qué es lo que Jesús respondió a la Samaritana y qué es lo que respondió Dios a Moisés.

¿QUÉ SIGNIFICA “YO SOY”?

En la tradición cristiana creemos que Jesús es la encarnación de Dios. Dice la Patrística –y esto lo hemos olvidado hasta hace poco y ahora lo estamos recordando más, aunque no lo suficiente- que Dios se ha hecho hombre para que el hombre sea Dios. No dice que “para que el hombre sea hijo de Dios” sino, para que “el hombre sea Dios”.

Esto, dicho a nuestros oídos, nos asusta, nos parece que aquí hay algo que disuena. Y esto porque tenemos asociado a Dios el pensamiento de que es alguien como un ser que está por encima de todo con un máximo de omnipotencia y de omnisciencia. Y damos también por supuesto que no vamos a entender que nosotros podemos gozar de esas prerrogativas. Porque entendemos a Dios como ese Ser por encima de la totalidad, conteniendo y controlandolo todo. Justamente se trata de la tentación del Génesis: “Seréis como dioses”.#

Pero si Dios es la posibilidad de que todo sea y Dios no es un ser más, sino que es AQUEL-AQUELLO que permite que seamos, cuanto más somos, más somos ÉL.

El problema del cristianismo es que nos hemos quedado, en general, a mitad del camino. Es decir, hemos reconocido en Jesús esa unificación de lo humano y de lo divino, pero nos hemos quedado distantes de identificarnos con todo lo que Él es. Porque es necesario morir a muchas cosas para verdaderamente entrar a donde Él está. Es decir que, si Dios es la plenitud del SER que nos deja ser en plenitud y reconocemos en Jesús que es el máximo vaciamiento de lo divino en lo humano y de lo humano en lo divino, y nos dice: “Yo y el Padre somos uno. Sed uno como el Padre y yo somos uno” #, nos está invitando a estar con él, a estar en el mismo lugar que él está.

Las últimas palabras de Jesús en el Evangelio de Juan, son:”Ya no os llama siervos, sino amigos” # porque los siervos no saben lo que hace su amo y, en cambio, yo os digo qué es lo que va a suceder: que se va a atravesar el umbral, que es la muerte. La Pascua, la muerte es la manera de comprender a Jesús para resucitar y, cuando Jesús resucita dice a María Magdalena: “ve y dile a mis hermanos…” #. Antes de morir había dicho: “Os llamo amigos y no siervos…” #y después de la resurrección les dice: “Vete y dile a mis hermanos…” Ahora Jesús dice hermanos, ya no amigos. Por lo tanto invitados a estar en el mismo lugar que él está. Yo soy. Por tanto, sed como yo soy, sed el que yo soy. Y esto es lo que se nos invita a atravesar.

Un lenguaje que hoy en día se abre en todas las direcciones porque se nos llama a ser plenamente aquello que somos. Esta es la plenitud del cristianismo: el ser plenamente aquello que ya somos.

Y esto es lo que nos dicen todas las tradiciones religiosas: llegad hasta el final de lo que sois. No os quedéis a medio camino. Y así lo humano y lo divino se hacen una sola cosa, un solo ser.

Lo que a nosotros nos hace cristianos es hacer todo esto a través de Jesús. Pero lo que les hace a otros pertenecientes a otras tradiciones religiosas es hacerlo a través de su camino. Y, entonces, no entramos en competitividad unos con otros, sino que entramos en complementariedad y enriquecimiento de unos con otros. Vamos hacia ese mismo lugar con formas y modos distintos aunque el camino es el mismo.

Y, ¿CUÁL ES EL CAMINO?

Es el ir soltando todo aquello que no somos: todas nuestras falsas identificaciones. Ir muriendo a todo nuestro yo, a todo nuestro ego. El que no renuncie a sí mismo, no puede llegar hasta mí. Lo nuevo y lo peculiar de la tradición del momento en que vivimos es que ya no estamos en un tiempo unicéntrico, sino en un tiempo policéntrico. Es decir, no hay una única referencia sino que hay múltiples referencias. Y en cada referencia podemos hacer el camino hasta el centro. Y esto nos descoloca y resulta difícil mientras vivimos agarrados al ego.

Pero si el Espíritu sopla y no sabemos ni de dónde viene ni a dónde va y de lo que se trata es de inspirar y expirar y de irnos llenando de esa presencia que nos va al mismo tiempo transformando, ¿quién nos priva de reconocer un templo en cada pozo? ¿Qué nos priva de hacer de cada pozo un templo? ¿qué nos priva de que esa agua, ese manantial que no cesa de fluir por el interior, pueda fluir en todos los seres humanos? Que es lo que Jesús dice: “ni aquí en Jerusalén, ni en Samaría…”. En cualquier sitio en donde se adora en verdad y en espíritu.

Esto nos descoloca como cristianos tanto como puede descolocar a los islámicos, a los judíos, a los hindúes, a los budistas o a quien sea, a cualquiera que tenga la tentación de apropiarse de un modo de comprender todo esto.

Y en cambio, si entendemos la espiritualidad como este proceso abierto llamado a ser recorrido en verdad por cada ser humano -y hay unos indicadores que nos muestran si adoramos en verdad o no- nos hacemos contemporáneos de nuestro tiempo y no recelosos y temerosos de quien compite con nosotros, sino abiertos y gozosos de que haya múltiples lenguajes y múltiples modos de alcanzar el pozo o de hacer de nuestra vida un manantial. Esto es lo que está en juego.

Hay una sentencia del siglo XI que proviene de LOS 24 SABIOS. Se trata de un texto anónimo que dice algo así: Dios es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia que cierra esta esfera, está en ninguna parte.

“Dios esfera infinita”, es decir, algo que contiene y al mismo tiempo no está cerrada a nada, cuyo acceso a la profundidad está en todos los lugares y no existe ningún sitio que tenga más privilegios o más garantías. Sólo hace falta la pureza de corazón para poderlo captar. Cuyo centro está en todas partes y la circunferencia que cierra la esfera no está en ningún sitio. Por tanto, no se puede cerrar.

En nuestra tradición decimos respecto a la Pascua que resulta ser el movimiento de la expulsión de Jesús fuera del recinto de Jerusalén. Porque Jesús no cabe dentro de Jerusalén, no cabe dentro de ninguna muralla que quiera apropiarse del mesianismo de Jesús. Nuestra tentación es poner una muralla un poquita más allá para que incluya la Cruz. Pero como él está muriendo y resucitando continuamente, cuando aparece muriendo, vuelve a salir fuera de las murallas. Jesús fue crucificado fuera de Jerusalén. Y así, de Pascua en Pascua, va derribando todos nuestros muros, todas nuestras falsas identificaciones que lo que hacen es empequeñecer la misma experiencia de Dios, la misma experiencia que Jesús tuvo de Dios y a la que nos ha convocado a nosotros.

¿QUÉ CUATRO COSAS DEBERÍAN DE ESTAR PRESENTES O ACOMPAÑARNOS COMO CRITERIOS DE DISCERNIMIENTO, COMO CAMINOS PARA AVANZAR?

En primer lugar necesitamos MAESTROS QUE HAYAN ATRAVESADO LA NOCHE: Personas, comunidades, referentes –y los textos sagrados lo son mientras los interpretemos bien- que han atravesado el terror a morir.

Nuestros temores nos crispan, nos empequeñecen y, además, nos hacen agresivos. Y allí donde hay agresividad es porque hay un temor oculto a perder, a perderse.

Todos los maestros: Santa Teresa, San Juan de la Cruz, el mismo San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales, nos ponen delante la Pasión de Jesús porque él pasó por la Pasión, pero también nuestra propia pasión atravesando la Pasión de Jesús y que consiste en morir a todo lo que hemos de morir para captar su resurrección. Se trata de atravesar la nada para crear más espacio en nosotros, más posibilidad de receptividad, de captar que Dios no es contenible en ninguno de nuestros continentes. Aunque necesitemos estos continentes (las religiones), no confundamos nuestra necesidad con el que Dios quede reducido al continente, que es la tentación siempre acechante de las religiones.

Necesitamos maestros que hayan atravesado la noche, que nos ayuden a conocer los falsas identificaciones porque estas son parones en el camino. Y es mucho lo que aquí está en juego.

No podemos quedarnos a mitad de camino porque a penas hemos empezado a recorrer la vida del espíritu.

Y lo que está cayendo –y es necesario que caiga porque estamos en una mutación civilizatoria, son muchos de los antiguos referentes. Están cayendo pero al mismo tiempo están naciendo otros, los que nos toca a nuestra generación y que podemos reconocer desde los movimientos del Espíritu. Pero para esto hemos de morir a aquello a lo que estamos excesivamente identificados y que nos priva de ese reconocimiento: el reconocimiento de esta nueva edad que se está dando de alguna manera en la especie humana.

Por tanto, MAESTROS y COMUNIDADES que nos ayuden personal y colectivamente a atravesar la noche.

En segundo lugar necesitamos TIEMPOS Y ESPACIOS DE SILENCIO. Tanto la oración personal como la comunitaria en sus distintas formas y todos aquellos medios que las distintas tradiciones nos ofrecen como ayuda a la interiorización.

Nos va la vida en preservar esos espacios de silencio en los que no nos identifiquemos con la inmediatez de lo que vivimos, sino que podamos tomar una distancia y nos den ocasión de soltar, escuchar y volvernos a entregar rehechos.

Esto es la oración: silenciarnos para que el Señor pueda hablarnos. En lenguaje religioso y espiritual es acallarse para poder percibir lo real en su radical e inmaculada existencia y volvernos a retomar desde ahí. Cada cual debe escuchar su necesidad. Se requieren tiempos necesarios para ir junto al pozo y tener ese diálogo con el Maestro para que vuelva a brotar el agua del interior.

Las necesidades fundamentales en la vida biológica son de orden diario: la alimentación, el sueño, o la higiene son tareas de cada día. Si no las hacemos así, enseguida lo notamos o lo notan los demás. Podemos prescindir de ellas uno o dos días pero la manifestación de su carencia es algo muy inmediato.

Lo mismo sucede con el espíritu aunque es más silencioso e indulgente. Si pasan días, semanas y meses sin darle el tiempo necesario para nutrir lo esencial de nuestro ser, que es eso que llamamos espíritu, también se nota.

Esta tarea es una asignatura para nuestra civilización y el gran reto que tenemos cada uno: introducir silencio en nuestras vidas, espacios diarios de interiorización: media hora, una hora, dos horas, etc. Ahora que estamos muchos jubilados, ¿por qué no? Sabemos todos que el tiempo es muy elástico y que para las cosas que realmente nos interesan encontramos todo el tiempo que haga falta. El tiempo es muy elástico en función de aquello que pongo como prioritario.

Nos tenemos que ayudar unos a otros a que esto sea posible, y hoy más que nunca en esta sociedad de ruidos. Si queremos tener una vida lúcida para vivir en espíritu y en verdad, necesitamos proteger esos tiempos y lugares de silencio.

En tercer lugar, un elemento importante es LA COMUNIDAD. Hay buenas formas de comunidad que no son necesariamente las presenciales, ni necesariamente las de proximidad geográfica. Pueden serlo estas últimas pero ya no son las únicas formas de comunidad. Hoy en día podemos sentirnos vinculados a personas y grupos que jamás hemos conocido y que existen hoy en el Planeta Tierra y que se nutren de lo mismo que yo me nutro.

Eso también es comunidad. Aunque son comunidades virtuales, no son un sucedáneo de comunidad. Pueden ser tan importantes y tan acompañantes como la comunidad presencial. Si han cambiado nuestros registros, ¿por qué no podemos ayudarnos con todas estas posibilidades? Existen nuevas maneras de sentirnos en comunidad. Y comunidad, en el fondo es aquel vínculo que se establece con aquellos que se nutren de lo mismo que yo y que para mí es esencial.

Eso es la comunidad. Es una elección que hay que hacer: establecer esos vínculos, cultivarlos y ser fieles a ellos porque necesitamos caminar acompañados. Si esto se puede hacer con la comunidad presencial, mejor. Pero ahora hay unas posibilidades que antes no habían existido. Esto también requiere en nosotros madurez y una apertura a oportunidades que antes no teníamos.

Por último, el cuarto punto. El primero es ATRAVESAR LA NOCHE. El segundo: ESPACIOS Y TIEMPOS DE SILENCIO. El tercero: un modo u otro de VÍNCULO COMUNITARIO que nos sostenga y fortalezca, con el que sabemos que podemos caminar y que nos estimula para ir adelante. Y el cuarto punto tendría que ver con el GRAN RESPETO POR LOS PROCESOS AJENOS.

En cuarto lugar: GRAN RESPETO POR LOS PROCESOS AJENOS. El no juicio y el respeto por aquellos que viven esta búsqueda de otro modo. Si nosotros caminamos por veredas tradicionales y establecidas -porque no vamos a despreciar ni nos vamos a desligar para nada del valor de la tradición milenaria que nos sostiene-, esto no nos legitima para mirar con desprecio a aquel, o a aquella, que ha optado por otro modo de hacer esto. Se impone el respeto por su búsqueda e indagación. Como también esperaremos que estas otras personas, que han optado por ese otro modo no hagan juicio de nuestro modo de vivir todo este mundo.

Si pudiéramos cambiar por la alabanza nuestra tendencia a la crítica, ¡cómo cambiarían muchas veces nuestras conversaciones tanto intra como extraeclesiales! Porque, ¿quién va a hacer un juicio de lo que al otro le sirve para crecer y para encontrarse con el Absoluto? ¿Quién puede ser juez del otro? Al contrario: un profundo respeto por lo que uno necesita y que puede ser justamente lo contrario de lo que resulta necesario para el otro. Y cada cual debe de tener la generosidad o la espaciosidad para no quitarle al otro antes de tiempo lo que necesita o para obligarle a mantenerse en aquello que ya no le va.

Y esto forma parte de la experiencia de pluralidad y de la experiencia espiritual: el respeto por aquel que camina a otro ritmo o que camina por otros senderos distintos a los nuestros.

FIN 

COLOQUIO

La mayor parte de las veces, no se entendía la pregunta que se le hacía al conferenciante. De todos modos, por la respuesta de éste, se intuye el tema de la pregunta.

PREGUNTA 1.- Parece que se pregunta sobre cómo distinguir un buen maestro de quien no lo es.

RESPUESTA 1.- El maestro para cada uno es aquel que le ayuda a caminar más a fondo, a soltar más, a entregarse más. Es preciso distinguirlo de aquel que fomenta en nosotros la autocomplacencia. Esta es la distinción de un maestro de quien no lo es. No es buen maestro el que fomenta nuestra pereza, anclaje y cerrazón.

PREGUNTA 2.- El que pregunta, formula algo parecido a lo siguiente: Si todos los caminos son realmente válidos para llegar al pozo, ¿qué sentido tiene la evangelización, el apostolado? Todos los caminos son respetables pero no todos pasan por la verdad, que es Cristo. Y las Bienaventuranzas son la Buena Noticia para la humanidad entera.

RESPUESTA 2.- Si entendemos la evangelización como la comunicación del gozo que nos produce la experiencia de Jesús y nuestro contacto con Cristo, ¡bendita evangelización mientras esta nos capacite también para escuchar el gozo y la irradiación de otros. No se trata de disminuir lo nuestro, sino de saberlo compartir con otro tipo de tradiciones religiosas.

La evangelización es una irradiación de la plenitud que me da a mí el recorrer el camino de Jesús. Se trata de saberlo compartir con otros.

Tenemos que pasar de competir entre pretensiones de totalidad a compartir plenitudes. Jesús es una plenitud y nosotros deseamos compartir esa plenitud.

Por supuesto que las Bienaventuranzas son una Buena Noticia para la humanidad entera. Y que la Eucaristía es también una Buena Noticia, frente a la depredación del pan, porque parte el pan y nos dice “Tomad y comed”. Por supuesto que la humanidad necesita escuchar esto. Pero esto no nos debería de privar de escuchar la Buena Noticia del Islam, del Budismo o del Hinduismo, de la Buena Noticia de todo lo bueno que existe en otras tradiciones. Esas otras tradiciones pueden tener ideas tóxicas, pero también nuestra tradición las ha tenido y las tiene. No se trata de no irradiar lo que nos da plenitud, pero teniendo la overtura para recibir también otras plenitudes con las que convivimos en la tierra.

PREGUNTA 3.- Aquí se pregunta algo relacionado con que Jesús es el único camino teniendo como fondo la frase evangélica “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6)

RESPUESTA 3.- Jesucristo es la verdad y el camino porque el único camino es la donación de uno mismo. Por supuesto que sí. Y es la única verdad porque esta verdad es que el camino para la vida es la donación de uno mismo. Y esto porque Dios mismo se ha revelado así, como donación. Esto es lo que Jesús nos reveló: que Dios es amor. Ésta es la única verdad.

Por tanto, allí donde hay amor, hay Dios. Pero esta verdad no entra en competitividad con otras. Al contrario, nos permite reconocer esa verdad. Se trata de cambiar, de girar el movimiento. Por supuesto que Jesús es la verdad y el Hijo de Dios, y la revelación de Dios. Pero a esto no nos quita, sino al contrario, nos posibilita, con este criterio, descubrir allí donde existe esa donación y donde hay ese amor. Y la evangelización consiste en ayudarnos unos a otros a reconocer ese amor, pero en la reciprocidad.

Yo no veo que haya ninguna contradicción de una cosa con la otra. Nos hace más receptivos a reconocer otros caminos que nos conducen también al pozo. ¿Por qué otros caminos no pueden llevarnos al pozo? ¿Qué dificultad hay? Esto no me priva a mí de recorrer mi camino y me alegro de que otras caravanas lleguen también a esa agua. Porque esa agua está también en cada uno de nosotros, ese pozo no está fuera de nosotros. Es más, nosotros somos el pozo porque estamos creados a imagen y semejanza de Dios.

No hay competitividad sino complementación. El cristianismo tyiene unos acentos que, evidentemente, no tienen otras tradiciones religiosas. Pero otras tradiciones religiosas tienen unos acentos que nosotros no hemos desarrollado. Y nos podemos complementar unos a otros. No hay competitividad. Al contrario, hay “coinspiración” –entendido como inspirarnos mutuamente, conjuntamente: “coinspiración” al Espíritu.

PREGUNTA 4.- Sí, pero Jesús dice que “nadie va al Padre sino por mí”. Entonces, Jesús es el único camino, aunque respetando todos los demás.

RESPUESTA 4.- Ese “mí” de Jesús, no nos lo podemos apropiar nosotros. Lo dice Jesús; no lo decimos nosotros. Porque cuando nosotros decimos mí, nos encerramos en nuestro yo; pero cuando Jesús dice mí, se abre a todos. Porque Jesús dice también: Quien dé de comer al hambriento, visite al enfermo,…, me lo hace a mí (Mt 25, 35-36), y, por lo tanto, en el mí de Jesús estamos cada uno de nosotros.

En la verdad en que nos tratemos los unos a los otros, estamos tratando a Cristo. Por tanto, no tenemos nosotros la exclusiva. Tenemos unas claves para hacerlo lo mejor posible. Pero Jesús mismo nos dice que Él está en todos.

Su mí no es como nosotros entendemos el “mí”, que es un “mi” cerrado. Su luz está radicalmente abierta a toda religión humana.

PREGUNTA 5.- Por la respuesta de X. Melloni, parece que se le pregunta si lo que él ha dicho, lo dice en nombre de la Iglesia o es una idea personal.

RESPUESTA 5.- Estamos todos tratando de comprender lo mismo, si no, no estaríamos aquí hablando de esto. Yo no lo hablo en nombre personal; no es una idea mía. Sólo lo trato como cada uno de los que estamos aquí: tratando de acoger, comprender y discernir lo que se está produciendo en la especie humana y en nuestra comprensión de Jesús. Y nuestra comprensión de Jesús, del cristianismo; nuestra comprensión de las cuatro religiones es progresiva y es compartida. Y cada generación recibe una gracia y lo que tratamos es -lo más honestamente posible- de ir compartiendo nuestros atisbos de esa comprensión infinita e inacabable, que es Dios mismo.

PREGUNTA 6.- Parece que la pregunta va sobre la frase “Fuera de la Iglesia, no hay salvación” (San Agustín).

RESPUESTA 6.- La Iglesia somos todos. Y esto es lo primero de todo. Yo digo esto en la Iglesia. No lo digo al margen de la Iglesia. Otra cosa es si lo digo en nombre de la Iglesia. Esto último, no porque para ello tendría que estar acreditado oficialmente y lo estoy sólo en la medida en que pertenezco activamente a ella. Pero lo que sí tengo claro es que esto lo digo en la Iglesia. El que lo puedan llegar a decir documentos oficiales del Magisterio… pues hay obispos, entre los todavía vivientes –aunque es una generación que no está siendo muy renovada-, que se han expresado en este tema, con gran lucidez.

Entre ellos hay uno que, aludiendo a la famosa frase de sólo hay salvación dentro de la Iglesia, la transforma y dice: “Allí donde hay salvación, hay Iglesia”. Y nadie nos priva de esto; absolutamente nadie. Una de las grandes novedades del tiempo en el que estamos viviendo, es la adultez de las personas respecto a las instituciones y también de la autoridad. Hoy en día, ¡gracias a Dios!, desde Roma, ya no se quema a los herejes. Y este avance, no es poco. Se puede dejar que los profesores de Teología trabajen y sepamos que lo que a veces afirmamos, no es doctrina oficial de la Iglesia.

Es legítimo que el Magisterio pueda censurar a determinados teólogos, hablando en nombre de la Iglesia. Pero ya no los declarará herejes. Ya no lo hace porque se da cuenta de que lo que ha tenido hasta ahora muy seguro, se está abriendo de tal manera, que no puede cometer los errores que ha cometido en el pasado remoto.

Los procesos ya están en marcha aunque en estos momentos estamos asistiendo a unos ciertos retrocesos. Pero esto forma parte del proceso de overtura: dar un paso atrás, un paso adelante. Y ahora, en estos momentos, nos toca, oficialmente, recular. Pero hay un movimiento más profundo, que es el del propio Espíritu, que va abriendo, abriendo, …

En la medida en que los hombres y mujeres nos entendamos, en la medida en que vayamos haciendo este esfuerzo de cada día, dirigiéndonos simultáneamente hacia el otro, nos iremos abriendo hacia los otros porque es la misma agua la que mana.

El agua mana por todas partes y por todas partes hay inundaciones de este agua.

Lo más maravilloso es que ya estamos todos tomando el agua del mismo pozo. Esto ya se está dando. Lo que pasa es que no nos hemos enterado. Lo que tenemos que hacer es ir borrando el antiguo Chip. El agua mana por todas partes. Lo que tenemos es mucho miedo a lo desconocido. Es muy importante conocer a otras personas y que bebemos todos del mismo pozo.

Lo que nos sana de nuestros miedos y, en el fondo no es más que miedo a lo desconocido, ya se está produciendo. Y lo que poco a poco va desarmando nuestros mecanismos de defensa es el conocer a personas concretas que viven esa experiencia. Y no se trata de la experiencia hacia un conocimiento imaginado, sino de amistades y situaciones que nos van haciendo ver que allí hay personas de una gran calidad y que son creyentes.

Por tanto, esa agua de la que beben, no les debe de estar intoxicando porque no parece que tengan demasiados dolores de barriga. A base de este tipo de conocimiento vamos viendo que quizá sí vamos bebiendo de esa agua. Y esto va a ser un contacto creciente que, además, ya se está produciendo.

Qué es un místico hoy, por Javier Melloni


Hoy, como en todos los tiempos, un místico es alguien tan necesario como inútil para su generación. Es inútil porque no produce nada y lo que ofrece no se puede comprar ni vender. No tiene precio en el mercado. Se escapa a quien lo quiere prender y confunde a quien lo quiere comprender. Por ello hay que apartarlo, porque se interpone entre la inmediatez de lo que hay que lograr y producir. El místico dice: lo que verdaderamente es, ya existe. Sólo hay que aprender a percibirlo. Molesta también a la institución, porque la relativiza y le recuerda que el cielo que ha pintado en el interior de sus bóvedas no es el cielo abierto auténtico.Pero, a la vez, su presencia es indispensable porque señala un modo de existencia que anhelan todos los seres y las mismas instituciones. Ha nacido para alentar la llama sagrada que arde en todos y en todo. El fuego del místico es diferente al del profeta. Éste señala y grita lo que falta, mientras que el místico indica lo que ya es. El profeta habla del todavía no, mientras que el místico habla del ya sí. Ambas cosas son necesarias.

Parafraseando a Raimon Panikkar, “el místico no es el que tiene esperanza del futuro sino de lo Invisible”.

El místico no es ingenuo, sino inocente. La ingenuidad es una inmadurez que hace ciegas y torpes a las personas, porque les impide confrontarse con los elementos oscuros de la realidad y de sí mismos, mientras que el inocente lo ve todo, lo percibe todo y, sin echarse atrás, se entrega.

Otra de las cosas propias del místico es su capacidad de conjugar paradojas. Por un lado, es alguien exquisitamente cercano a las personas y a sus situaciones, pero también resulta inalcanzable, retirado en una extraña lejanía. Estando plenamente presente, está también ausente. Se halla en otro Lugar, y cuando está en otro lugar, se percibe su presencia. Su hablar es silente y con su callar, habla. Las palabras son sagradas para él -o ella-; por eso no las malgasta. Y por ello también sabe escuchar, y entiende lo que los demás no entendemos. Habla, mira, comprende desde un lugar diferente; a veces, tan diferente, que parece locura. Pero su locura no es más que el choque que produce en nosotros su anticipación de Realidad.

Ama cada objeto, cada planta, cada pétalo, y queda fascinado por ellos, pero, a la vez, puede prescindir de ello. Todo él es ternura, pero también vigor, como dice Leonardo Boff sobre Francisco de Asís. Es frágil y fuerte a la vez. No puede soportar el dolor de los pequeños. Ve desde ellos y para ellos, y su oración es siempre por ellos.

Es concreto, arraigado en su tiempo y en su lugar, capaz de un hablar sencillo y de poner ejemplos que los más pequeños comprenden, y a la vez, es universal, porque percibe lo que atañe a la condición común de los humanos. Ve la parte en el todo y el todo en la parte. Podríamos decir que tiene un instinto fractal, que es tal como hoy los científicos comprenden que está constituido el entramado de la realidad.

Es de una libertad soberana pero, a la vez, está al servicio de todos, porque percibe la irrepetibilidad de cada persona y de cada cosa, y ello le hace caminar por tierra sagrada. Acoge a cada ser como una epifanía y, estremecido, se somete libremente porque sabe que su yo no le pertenece, sino que es sólo receptáculo y testigo de las existencias ajenas.

Ama su tradición, aquella que le ha nutrido y le ha guiado, pero no hace un absoluto de ella. Sabe que “ser original es retornar a los orígenes” (Gaudí), no para repetirlos sino para recrearlos. Y el origen de cada tradición está más allá de ella misma, antes de que surgiera. Conoce el camino de la Fuente, “aunque es de noche”. Su fe es transconfesional, porque sabe que la existencia está atravesada de Presencia y ello es lo que celebran todas las tradiciones. Se alegra con ellas, por su diversidad y su riqueza.

Como un compás, con un pie está arraigado en su propio centro, y con el otro recorre los círculos de la alteridad. Este centro no es sólo el de la tradición a la que pertenece, sino que es un Centro más hondo que, descentrándole, le recentra.

Todo él está vacío. Su existencia es un pasaje por el que otros transitan para descubrirse a sí mismos. Como un icono, su sola presencia ayuda a los que le rodean a descubrir la hondura que les habita. Él sólo calla y ve. Y su alegría, tanto como su nostalgia, son inmensas.

Fuente: Artículo publicado en el número de noviembre de la revista El Ciervo

“Ateos y místicos comparten muchas cosas”

Entrevista a Javier Melloni: Teólogo, antropólogo y jesuita. Experto en diálogo interreligiosoPresénteme a Dios.

A Dios se le conoce por experiencia. Y esa experiencia es una anticipación de plenitud que una vez vislumbrada hace que te pases la vida intentando llenar ese vacío entre la anticipación y el recorrido que hay que hacer para llegar a ello.

¿Eso es lo que a usted le ha sucedido?

Pertenezco a una familia tradicional, burguesa y cristiana; pero el primer atisbo fue a los 14 años, el día de Todos los Santos.

¿Qué pasó?

Salíamos de casa de la abuela de comer castañas y decidí irme a misa. En el momento de la comunión sufrí una explosión de amor, era un gozo casi insoportable que volvió a repetirse hasta que entendí que no podía hacer otra cosa que entregarme a ese fuego. Con el tiempo y a través del hinduismo he comprendido que se me había abierto el chacra del corazón.

Acabó el noviciado a los 20 años y entró en la universidad. ¿No tuvo dudas allí del camino elegido?

Al contrario. Mis votos, el control de las tres libidos, despertaban el diálogo con mis compañeros. El voto de pobreza es sobre la libido del tener; el de castidad, sobre la del eros, y el de obediencia, sobre la libido del poder.

¿Nunca revisa esos votos?

A los 40 años hice una parada para replantearme si la opción de los 18 años se sostenía, si esas tres renuncias tan duras seguían teniendo sentido. Y creo que lo tienen incluso secularmente, porque es una opción que concentra a la persona en una sola dirección.

¿Tras la universidad se fue a la gruta?

Todavía no. Antes pasé un año de profesor y otro año en Mercabarna, de patatero. Yo era un niño mono de papá que idealizaba la pobreza, así que un año de contacto con las clases trabajadoras fue muy formador. Aprendí que cuando compartimos las mismas condiciones de vida somos todos iguales, y que los valores esenciales son universales.

Hábleme de su retiro.

Nosotros hacemos tres: uno iniciático, otro a los 40 y otro en la tercera edad. Yo el segundo lo hice en India y me abrió a otro mundo. Pasé de la altura de los Pirineos a las dimensiones de los Himalayas. Hay otras alturas que no están en nuestro paisaje.

Entiendo.

Para mí, en los ejercicios espirituales todas esas diferentes tradiciones religiosas, juntas, conspiran por la transformación de lo humano. Nosotros ofrecemos la cueva de Manresa, en la que se retiró san Ignacio de Loyola, para vivir esa experiencia.

¿Qué contenido da a los retiros?

Hay programas de fin de semana, de una semana y de un mes, en los que se hace yoga, eneagrama (mapa de autoconocimiento que proviene de los sufíes y que trabajó Gurdjieff), taichi… Se trata de una síntesis muy poderosa.

Y atrevida…

Creo que tenemos que volver a la radicalidad de las experiencias iniciáticas, que son muy serias, incluso físicamente. Y, aunque sea en un tiempo de discontinuidad, te cambia. Se pasa por distintas fases: separación de lo conocido, enfrentamiento con las propias sombras para incorporarlas, y salir reunificado.

La mística, ¿una región de la realidad?

Sí, donde se hace visible lo invisible. La realidad es lo que percibimos según nuestro estado interior: cuanto más opaco, más opaca vemos la realidad y a las personas. Cuanta más luz hay en nosotros, más luminoso es todo. La experiencia mística es un estado de transparencia interior que permite ver la transparencia de las cosas.

¿Qué pensamiento le parece esencial para ampliar la mirada?

Para mí, la revelación más importante y bella, común a todas las religiones, es pasar de pensar que somos una individualidad aislada que debe conquistar o merecer la existencia a percibir que la existencia es dar y gozar.

Hay que vivir agradecido, pero no se viene aquí a ser feliz.

Nuestras vidas están hechas de rupturas y separaciones. Ceo que la comprensión de esas rupturas nos hace dar un salto cualitativo.

Es distinto vivirlas con Dios que sin él.

Los maestros de la sospecha, Freud, Nietzsche y Marx, nos ayudaron a caer en la cuenta de que si la experiencia religiosa no transforma a la persona y su entorno, es una experiencia sospechosa e incluso engañosa.

¿Por qué el budismo parece encajar más hoy que el cristianismo?

Jesús es plenamente Dios y hombre, y eso es lo que somos todos. El pecado del cristianismo es el miedo, no nos atrevemos a reconocernos en lo que Jesús nos dijo que éramos.

Presénteme a Dios.

Lo hemos reducido a esas palabras impresentables: Todopoderoso, Omnisciente… Esa imagen de un ser que está ahí arriba vigilándonos es una segregación de nuestra impotencia, son nuestras nostalgias y neurosis paternas y maternas; de manera que también lo hemos convertido en un Dios sádico y cruel.

Vaya.

Ante eso está la posición ateo-agnóstica, que propone vivir con lo que se tiene, ser honesto y responsable. O bien los místicos, que colocan a Dios por encima de esas imágenes cargadas de conceptos y evitan nombrarlo porque en todo ven a Dios.

Los extremos se tocan.

Ateos (excluyendo a los cínicos) y místicos comparten muchas cosas.

Fuente: Entrevista de Ima Sanchís en La Vanguardia

Xavier Melloni al Simposi de la Fundació Claret “Religions i espiritualitat” from CatalunyaReligió on Vimeo.

Podeu trobar més informació a la Xarxa i a la Cova de Sant Ignasi de Manresa.

Feliç Viatge! 😉

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